Se impone, más que nunca, el rigor crítico para desvelar falsas legitimaciones, los nexos artificiales que se establecen entre pasado y presente. Por lo pronto, se trata de penetrar en las entrañas de la construcción de los mitos. Estos nacen y mueren en función de lógicas históricas e ideológicas. La misión del historiador es separar el grano de la cizaña. Los mitos no deben ser otra cosa que objetos históricos en sí mismos examinados bajo el prisma de la razón y desde la exigencia de la honestidad. Se trata de demostrar su relativismo histórico, la multiplicidad de lecturas funcionales que ofrecen a lo largo del tiempo y en función de la identidad de sus intérpretes.

Ricardo García Cárcel en La herencia del pasado. Premio Nacional de Historia (2012)

... nuestro destino era PRESTAR ATENCIÓN Y DESCANSAR en cada una de las minúsculas revelaciones que se habían ido abriendo a nuestro paso; cada una de las cuales, a su vez, nos aconsejaba no buscar ningún destino, ni mucho menos un destino feliz. Sólo de ese modo se lucha contra la asfixia y la angustia del tiempo y del dueño de la cortinilla; prestando atención a lo que se ENCUENTRA, y no a lo que se BUSCA.

Félix de Azúa en Historia de un idiota contada por él mismo (1986)

Cuando el saber se especializa, crece el volumen total de la cultura. Ésta es la ilusión y consuelo de los especialistas. ¡Lo que sabemos entre todos! Oh, eso es lo que no sabe nadie!

Antonio Machado en Juan de Mairena (1936)

History has many cunning passages, contrived corridors
And issues, deceives with whispering ambitions,
Guides us by vanities

T. S. Eliot en Gerontion (1920)


lunes, 15 de octubre de 2012

Los 7 pecados del mal historiador (y 9 consejos para no ser uno) según Carlos Antonio Aguirre Rojas



El investigador y profesor de historia mexicano Carlos Antonio Aguirre Rojas publicó en 2002 un libro con el curioso título de Antimanual del mal historiador. Si partimos de la premisa que un gran número de manuales de historia están plagados de prejucios, reduccionismos, simplificaciones y periodizaciones arbitrarias; de su lectura sólo podrán aparecer "malos historiadores". Esta es la idea principal de este historiador mexicano, valedor de las enseñanzas del marxismo y de la escuela de Annales. La historia positivista, nacionalista, teleológica y oficial es el enemigo contra el que Aguirre se enfrenta. Delante de esta mala historia, el historiador crítico debe optar por reescibirla y criticar los prejucios heredados. En Antimanual... se realiza una vindicación de la historia crítica y comprometida, aquella que rechaza el tópico tan extendido de que "la historia la escriben los vencedores".
El segundo capítulo del libro está estructurado a partir de unos "7 pecados del mal historiador" que, a mi jucio, resumen bastante bien los problemas de esta historiografía tradicional, superada por el grueso de la comunidad de investigadores, aunque muchas de sus concepciones todavía pueden rastrearse en multitud de discursos públicos y departamentos de universidades. Lo que viene a continuación es un resumen esquematizado de los pecados y consejos del doctor Aguirre Rojas. Espero que puedan ser de utilidad para aquél que esté interesado en los problemas que conciernen la escritura de la historia.
  1. El positivismo erudito. Limitarse a trabajar exclusivamente con las fuentes escritas con la creencia ingenua que es posible explicar la historia tal como fue no permite explicar las causas de los fenómenos sociales y por tanto, impide comprender por qué pasaron.
    • Ampliar e interpretar las fuentes. El concepto de fuente ha de entenderse en un sentido más amplio que la documentación oficial en el archivo. No hay una sóla lectura posible, sino múltiples, y cada una de ellas nos pueden aportar mucho sobre la sociedad que las produjo.
  2. El anacronismo. El diccionario de la RAE define el anacronismo como "error que consiste en suponer acaecido un hecho antes o después del tiempo en que sucedió, y, por extensión, incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde". Para Aguirre, el fallo de los malos historiadores es la "falta de sensibilidad hacia el cambio histórico", es decir, considerar que los seres humanos de antes son homologables al individuo contemporáneo, lo que implica ignorar la importancia de los cambios de mentalidad. 
    • Situarse siempre el contexto. Trasladar hacia el pasado nuestra mentalidad del presente creyendo que así podremos entender las motivaciones de las personas del pasado es erróneo. Hay que situarse en la escala de valores y en los sistemas de pensamiento, para no adjudicarles defectos o virtudes que para ellos no eran tales. No hacerlo es craer en un presentismo, incompatible con el oficio de historiador.
  3. Tener una noción del tiempo absoluta. Entender el tiempo como algo que se despliega en una dimensión única y homogénea hacia un único sentido (que viene delimitada por años, meses, días...) puede sernos útil para periodizar. Sin embargo, no puede ser la única manera ya que aplana la diversidad de experiencias respecto al tiempo que han tenido los humanos.
    • Tener una noción del tiempo relativa. Cada sociedad percibe el paso del tiempo de maneras distintas. Existen fases de revoluciones y turbulencias y otras de esteticidad y permanencia.  De este modo, podemos hablar de siglos "largos" o "cortos". El tiempo es elástico, ya que se percibe siempre de formas diferentes.
  4. Tener fe en el progreso. Interpretar la historia como una serie de avances y conquistas que se suceden para la mejora de la humanidad es una creencia teleológica que tergiversa la realidad.
    • Rechazar la ideología del progreso. No hay nada lineal y acumulativo. Más bien la historia de los hombres es una complejo "árbol de mil ramas", en el que pueden verse "regresiones" o "estancamientos". El devenir de la historia no tiene ningún sentido, somos nosotros quienes retrospectivamente le adjudicamos uno desde nuestro presente. No hay "retrocesos" o "avances", sino cambios y transformaciones.
    • Creer sólo en el progreso del conocimiento. El historiador crítico usa el termino "progreso" en el sentido científico. El conocimiento científico es siempre provisional, no hay verdades reveladas o definitivas. Este saber se va corrigiendo a medida que aparecen nuevos trabajos, y simultáneamente, estos hacen surgir nuevos problemas y preguntas. De este modo, cada trabajo es una piedra que forma parte de un gran edificio que está siempre en construcción. Si hay progreso, lo hay en el grado de conocimiento de la realidad que tenemos.
  5. Ser acrítico. Un error que comete el mal historiador es abstenerse de criticar o cuestionar la fuente con la que trabaja. Al no interrogarla y limitarse a extraer los datos que ve a primera vista, se mantiene en un nivel muy superficial. No puede hacer varios niveles de lectura, porque acepta el texto pasivamente, lo que significa que en última instancia le da credibilidad a los prejuicios y deformaciones que se encuentran implícitos en él. De este modo, hace pasar ciertos enunciados por ciertos e incuestionables, porque cree tener el respaldo del documento, aunque no se haya molestado en someterlo a un juicio ponderado.
    • Criticar y reflexionar. Los testimonios que disponemos para examinar el pasado fueron elaborados por humanos. Si se utilizan las herramientas adecuadas, se pueden extraer varios significados que su propio autor no creía haber depositado pero que estaban ahí latentes. 
  6. Creerse neutral. La neutralidad, entendida como la acción de no involucrarse con el objeto de estudio es muy difícil de conseguir. Es casi imposible en ciencias sociales acercarse a él sin alterarlo de uno u otro modo. Empeñarse en ser objetivo es ir en contra de la condición del investigador social. La propia selección del tema de estudio evidencia las preocupaciones del historiador. Ahora bien, esto no significa ni por asomo que el historiador esté condenado para siempre a hacer retórica o ideología.
    • Ser riguroso científicamente. Lo que sí puede conseguirse es una historia científicamente objetiva, en el sentido en que no se manipulan los datos por interés mezquino o se hacen valoraciones parciales. Por esto, es mejor hablar de rigurosidad antes que de objetividad. El método científico consiste resumidamente en establecer hipótesis y luego comprobarlas o desmentirlas, y en este sentido, el historiador puede construir un conocimiento sólido.
    • Ser consciente de las propias limitaciones. Por otro lado, un buen historiador debería hacer explícitas las específicas circunstancias que han condicionado su investigación. Una declaración de principios respecto a los criterios y paradigmas de los que parte equivale a reconocer sus límites. Así, renuncia de una vez a la impostada neutralidad del historiador supuestamente objetivo, que sufre de igual o peor manera de los mismos problemas.
  7. El relativismo postmoderno. El postmodernismo en historia sugiere que toda pretensión de cientificidad de la historia es fútil porque al fin y al cabo son discursos de poder. Aguirre Rojas rechaza los postulados de Hayden White, Michel de Certau o Paul Veyne en los que rechazan cualquier posibilidad de conocer la realidad del pasado. Esta idea conlleva un relativismo absoluto, ya que cada una de estas narrativas es, por tanto, igualmente verdadera a su medida. De este modo, no es posible encontrar verdades científicas (que obedecen a las diferentes epistemes y regímenes de poder que cada sociedad establece) sino sólo razones de orden estético.
    • Acercarse a la historia real. Los avisos y advetencias de los posmodernos sirven de mucho al historiadores para prevenirse. Sin embargo, del mismo modo que el positivismo de los datos es una visión limitada del estudio histórico, el constructivismo social también lo es. Un historiador crítico es capaz de comparar y criticar diferentes interpretaciones y establecer si se corresponden con el desarrollo material de la sociedad. Además, ahora sabemos más y mejor que antes.

1 comentario:

  1. Gracias, por este post. A pesar que son apenas "siete", no debe juzgarse el trabajo (ni el de Aguirre Rojas, ni este post...) por la cantidad o dimensión de "los frutos, sino por el tamaño del árbol que hubo que sacudir". Gracias, de nuevo.

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